Y volví. Aunque siento que no he vuelto, sólo parece una idea efímera que puede terminar en cualquier momento y de la cual un lirorì-lirorà me puede traer a la realidad, esto no quiere decir que el que esté en lima lo considere un sueño, sino que mi realidad ya era la ruta quetzal.
Si, estoy entre el espasmo y la nostalgia... es cierto que contaba los días para volver (ahora no lo entiendo adriano) y pucha llegaría a contar los días para el reencuentro?, jejeje, soy demasiado extremista, pero en verdad odio extrañar... los recuerdos son demasiado frescos y fuertes... fue buenísima la experiencia, ningún exrutero exageró alguna vez... tal vez no extrañe tanto las actividades en general (aunque si), lo que más añoro es la gente, es que compartí con esas personas los 45 días más duros de mi vida y luego despedirme de ellos de la noche a la mañana (en 20 minutos), con las esperanzas de siquiera volverlos a ver... es realmente fuerte... muy extremo.
Todavía no reacciono a mi vida de vuelta, al arroz, las combis, la av. aviación, el presi garcía, la promoción nsr, ni a las sábanas de mi cama... pero aún sí estoy atenta a la numeración de mi grupo (para poder decir ‘dieciséis’), aún me tienta gritar ‘tiempo libre’ o cantar ‘soy alimaña’, quiero también pedir papel aluminio o quejarme de mis pies, deseo ser un quetzal que llega antes y puede sacarle en cara al jaguar, extraño el ‘me copias?’ de los walkies (mientras que cada polo azul eléctrico me recuerda un monitor), también espero la impaciencia de las largas filas y los bostezos de las conferencias, al igual que las palmas en los muslos y los aplausos de ‘llega el grupo 7 presten atención’...
Estoy triste, diríamos nostálgica, no puedo conmigo y mi mente... desearía estar de nuevo normal y poder continuar con mi vida de la manera extraña en que la llevaba, pero, me es difícil aun no estar rodeada de 320 personas vestidas igual que yo y no tener a alguien con walkie y polo azul que me diga por qué me demoro, o quejarme de las falsas promesas de los churros con chocolate o de los despertares de Luna que me hastiaban en el momento pero que ahora extraño.
Deseo ver un teleruta o decir soy jimena de Perú (al comienzo era más la frecuencia de esa frase), o inclusive emocionarme al ver algo relacionado con mi país o a cantar canciones criollas con saris sólo porque sí.
Es difícil desligarse de tanto tan súbitamente. Es pesado olvidar mis tiempos libres llenos de ocio y sin provecho, donde un helado y conversaciones a paso lento o en una mesa del mcdonalds bastaban. Es horrible tener un día sin ninguna visita ni ninguna conferencia o recepción, sin alguna queja o mandato, sin pesadas fotografías al sol, sin pirámides resbalosas ni caminatas forzosas, donde cada paso te alejaba del primero en busca de los mentirosos ‘20 metros’ y las pendientes maldecidas y odiadas, donde la cumbre sólo la alcanzaba reptando con sudor y lágrimas...
Ahora mismo sólo estoy frente a un monitor, con la humedad suficiente, con una inca kola en la nevera, con un baño disponible (sin colas) a mi izquierda, con un televisor y una cama en un margen de 20 metros, en la libertad de salir a la calle y tomarme un tiempo libre de 7 horas, donde puedo comprar más que agua y llamar si me place, estoy en la libertad de hablar con un amigo de hace 5 años al igual que puedo abrazar a mi madre, también puedo comer en una mesa sobre un plato limpio y no debo lavar mi ropa ni avisar a alguien si quiero alejarme, ahora puedo, pero, pero...
Hoy prefiero no postear más.